jueves, 27 de diciembre de 2007
sábado, 8 de diciembre de 2007
Me han recomendado para Blog del día (+ blog actualizado)
Alguien ha creido que mi blog vale la pena... si quieren pueden votarlo: (Por si no me encuentran yo soy la n° 822 de la lista.)
# El rincón de Lux # Versión 2.0 ya está actualizado nuevamente.
La mirada arltiana de la vida porteña
La crónica –muy en particular- es un intento siempre fracasado de atrapar el tiempo en que uno vive.1
En un álbum, cada foto es colocada en un folio determinado, dando lugar así a una secuencia en la que se puede encontrar una continuidad secuencial, una historia que enlaza distintos recortes de mundo. Pero al mismo tiempo se hace posible la percepción de la singularidad que las envuelve como momentos particulares. Consideradas en su especificidad, rebelan los procedimientos que están en juego en la labor del fotógrafo: la distancia de las tomas, la intensidad de luces y sombras, las mezclas de colores, las personas y los lugares que captura con su lente. Su mirada enfoca, examina, revisa y trabaja con y sobre cada uno de esos aspectos y se nutre de ellos: el producto final es la fotografía. El ácido que se vuelca sobre la lámina de metal traspasa la superficie y penetra en la sustancia misma de la cosa. Siguiendo el recorrido trazado por el artista, el resultado del grabado es una imagen lista para ser estampada.
Roberto Arlt realiza una labor similar, pero desde el lugar de la escritura, con sus Aguafuertes porteñas. Esta serie de notas - que escribió en el diario El Mundo entre 1928 y 1942 - tienen como tema el transcurrir de la vida en Buenos Aires. Sus Aguafuertes... pertenecen al género crónica, si se entiende a este como un relato en el cual la narración se construye a partir del trabajo particular que realiza el escritor sobre el material que extrae de la realidad, por medio de la investigación. En esa construcción, el ejercicio de la mirada se vuelve una instancia necesaria para el cronista.
En primer lugar, porque sus textos pretenden dar cuenta de un fragmento de la realidad y tal pretensión lo lleva a establecer un marco de referencia. Como expresa Caparrós, “Mirar es la búsqueda, la actitud consciente y voluntaria de tratar de aprehender lo que hay alrededor- y de aprehender.”2 La observación es una operación que implica el conocimiento directo del cronista acerca de las situaciones, los ambientes y las personas. Se sabe de lo que se va a escribir cuando se está en condiciones de afirmar “Lo que quiero contar está aquí”. El aquí es el germen de la crónica.
En segundo lugar, porque mirar obliga al escritor a tomar partido. Si bien en un principio existe cierto distanciamiento, su presencia se hace efectiva cuando asume la posición desde la cual va a realizar su tarea investigativa. El cronista reconoce que en su percepción están presentes ciertos principios, puntos de vista, conocimientos y experiencias previas que dirigen su mirada hacia uno u otro aspecto. Arlt coloca su interés en lo cotidiano. Él aprovecha el escenario urbano y a través de sus textos da a conocer sus habitantes y los lugares donde transitan. Como paso previo a su escritura, toma contacto con ellos, por eso se desplaza por calles y barrios.
Otra característica de la crónica es que no puede ser abordada como una tarea soliptista: no se configura sólo a partir de lo que el cronista observa sino que también se alimenta de lo que los otros le hacen saber que observan. Al entrar en el día a día de la vida porteña, Arlt registra testimonios que contienen hábitos y costumbres: alguna indiscreción soltada en una charla de café, una anécdota acerca de un encuentro nocturno en las calles del centro, o la historia de vida de algún trabajador portuario. Al apropiarse de estas historias, en sus Aguafuertes... se hacen oír una multiplicidad de voces: algunas han llegado a oídos de Arlt por el transcurrir del boca en boca, otras se refieren a escenas que ha presenciado.
El relato crónico es la vívida combinación de diversos códigos. Pero es la pluma del escritor la que los selecciona y evalúa. Su forma final se encuentra en la estructura del texto acabado: en el tipo de trama que escoge, los recursos lingüísticos de los que se sirve y el vocabulario que emplea. Si se toma como ejemplo la nota titulada “Corrientes por la noche” (publicada el 26 de marzo de 1929), se puede detectar el tipo de valoración que Arlt realiza sobre dicha calle. En este caso, le atribuye características humanas. Además del recurso de la personificación, la compara con la mujer utilizando algunas palabras propias del lunfardo, lo cual también marca la concepción que se tiene sobre el género femenino en ciertos ambientes.
[...] ¡qué maravillosamente atorranta es por la noche la calle Corrientes!¡Qué linda y qué vaga! [...] La única que es acogedora, amablemente acogedora, como una mujer trivial, y más linda por eso. Mientras las otras calles honestas duermen para despertarse a las seis de la mañana, Corrientes, la calle vagabunda, enciende a las siete de la tarde todos sus letreros luminosos. 3
Otro de los recursos que Arlt utiliza es la repetición de ciertas palabras o frases para resaltar el mundo de contrastes que se presenta tanto en el aspecto material y cultural como en el que se refiere a la diversidad de personas que habitan la calle. También la incorporación de fragmentos dialógicos - que recuperan la particularidad de las voces enunciadoras - permite conservar la textura de las conversaciones. Al mismo tiempo, estas operaciones demuestran el conocimiento que tiene el cronista sobre los sistemas de creencias y de valores que tienen las personas y los usos que le dan al lenguaje: en la elaboración del texto se torna imprescindible la articulación de múltiples códigos:
Calle única, calle absurda, calle linda. Calle para soñar, para perderse, para ir de allí a todos los éxitos y a todos los fracasos; calle de alegría; calle que las vuelve más gauchas y compadritos a las mujeres; calle donde los sastres le dan consejos a los autores y donde los polizontes confraternizan con los turros; calle de olvido, de locura, de milonga, de amor.4
Librerías de viejo y nuevo con volúmenes hinchados de pornografía junto a la millonésima edición de Martín Fierro. [...] Diarieros que se tutean con mujeres admirablemente vestidas. Señoras con diamantes en la pechera que le estrechan la mano al negro de un “dancing”. [...] Bandoleros con caras al cold-cream y anteojos de armadura de carey. Vivos que parecen zonzos y “lonyis” que parecen asaltantes.
Todo aquí pierde su valor. Todo se transforma. [...]
Todo aquí pierde su valor: se transforma. Una princesa baja de un auto y le dice al forajido del puesto de diarios:
- Che, Serafín ¿no tenés “menezunda”?
[...] De vez en cuando, un forajido levanta la cabeza, la mira y le dice después al socio:
- Che, ¿vamo p’ al esolazo?5
Como señala Amar Sánchez, “la significación de los textos se da a través de la forma, ella es significativa en sí misma, trasciende el contenido, y no es simplemente un conjunto de procedimientos que, como tales, permanecen apartados de lo social e histórico.”6 El hecho de que Arlt creara ciertos efectos con sus modos de narrar y describir los tipos porteños no puede pensarse sino en relación con el desarrollo histórico de los géneros literarios: son ellos los que regulan los modos en los que las tramas y los tipos textuales (junto con los recursos asociados) se ordenan en el discurso.
Antes de llegar a la redacción de El Mundo, Arlt había incursionado en el género ficcional con su novela El juguete rabioso y también había trabajado en la sección de policiales del diario Crítica. Cuando comenzó a escribir las Aguafuertes... la prensa argentina se hallaba en un momento de transformaciones técnicas en la impresión que facilitaba la aparición de lo que serían los periódicos modernos del país. Esto estaba acompañado de una fractura en cuanto a los procedimientos establecidos en la escritura periodística y una renovación literaria que se manifestaba en las nuevas formas de enunciación vinculadas a la construcción del relato sobre lo real.
Por ello, puede decirse que el ejercicio de la mirada, al igual que el concepto de género, no se halla libre de los condicionamientos propios del contexto socio-histórico que le toca vivir a un cronista: su escritura nunca está alienada ni de la biografía personal-literaria ni de su ubicación dentro del panorama histórico general. En el caso de la nota antes mencionada, la visión de la calle Corrientes realza las distintas clases sociales y económicas que convergen en ese espacio urbano: el énfasis está puesto en los rasgos distintivos de los tipos ciudadanos, y las situaciones que los envuelven en aquella época. La mirada arltiana de la vida porteña es la tentativa de colocar en la escena del relato los ritmos propios de
Notas:
1Caparrós, Martín. “La crónica, una mirada extrema”, en suplemento ADN Cultura, Clarín, 15/09/07. Disponible en: http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=943086
2Op. Cit. Ítem 1.
3Arlt, Roberto. “Corrientes por la noche”, en: Aguafuertes porteñas: Buenos Aires, vida cotidiana, Losada, Buenos Aires, 1999. p. 43-44 [Las itálicas son nuestras.]
4Op. Cit. Ítem 3. p. 47
5Op. Cit. Ítem 3. p. 46
6Amar Sánchez, Ana María. “El género de no ficción: un campo problemático”, en: El relato de los hechos. Rodolfo Walsh: testimonio y escritura. p. 38
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