Que bueno que no podés ver mi rostro ahora. Porque no te gustaría saber con qué te encontrarías. Si la vida manipula tus dichos, tus actos, tus sentidos, dejame aclararte que yo nunca obré para ser parte de esa faceta. Tampoco creas que voy a dejar de plantear tus ausencias, aunque es algo muy distinto a lo que son esos reproches que te están colmando emocionalmente. A estas alturas no sé lo que merezco o no de tu parte, pero siempre creí que frente a todo lo malo de nuestras vidas, ese pequeño instante en el que compartíamos el mismo cruce podía ser un aliciente para el trecho amargo.
Alguna vez me dijiste que era una gran mujer y yo te respondí que sólo soy una persona que encuentra sus alegrías en las pequeñas cosas. Eso fue una verdad a medias, ya que me hubiera gustado agregar "y a pesar de eso, no entiendo por qué estoy llorando ahora". Me contuve, en ese momento creí que lo mejor para ambos era tomar una actitud estoica. Te alenté a que fueras feliz, intentaras ir por el camino hacia la felicidad y dejases esos sueños irrealizables en un sitio donde no hiciesen cortocircuito con el resto de tu vida. Acepté ser relegada al campo onírico, mientras era a otra persona a la que le obsequiabas tu mirada, tu sonrisa, tus besos, tus caricias. Acepté la situación no sólo porque físicamente me era imposible modificarla, sino porque además estaba convencida de que, aunque no fuese ni tu madre, ni tu hermana, ni tu amiga, ni tu novia, ni tu amante... a pesar de ese vacío que recubría nuestro vínculo, había algo más allá de los títulos que yo podía darte.
De más está aclarar que en el día a día busco crear esos momentos felices para mí misma. Pero también es oportuno que sepas que nunca amé compartir un momento con alguien como lo hago con vos. Tal vez sea porque cuando pienso en el amor, involuntaria y compulsivamente me viene tu nombre. Pero si amar de verdad nos libera, comprendemos que lo más puro que podemos ofrecer es velar por el bienestar del otro, incluso si eso no nos incluye. El mejor remedio contra la obsesión es levantar la copa por la dicha ajena, pero no beber de esas aguas prohibidas.
Comprendo que desde hace tiempo poco y nada te interesa tener lazos conmigo. Lo más triste de todo es que expresaste que tu recuerdo vino por una desgracia mía y no por una esperanza que te haya dado. Ese es mi lamento unitario, lo único por lo que me encuentro con el alma herida. Pero como clamé antes, no puedo aceptar disculpas por algo que no sentiste. No hay culpas que pueda echarte: al contario, te deseo mil días alegres por cada uno en el que me olvides.
Y si me estás dando la salida, ojalá tuviese en esta última parada la oportundad de hacer realidad el encuentro con esa persona a quien sé que extrañás mucho. Ese es mi mayor deseo para vos, el regalo que pienso que acojerías con ansias, y no puedo entregartelo. Me pesa, más no tengo el don de la vida. Seguramente habrá otros que te lo recitarán más bello, lo expresarán perfecto, lo demostrarán con empeño; pero yo sólo cuento con este medio. Estoy limitada a exponerlo así, casi en el anonimato, porque si especifico quién sos, voy a traerte más dificultades.
Uno se equivoca, cae, pierde... pero vuelve a intentar. No hay peor muro que el que construimos con nuestras viejas decepciones. Y si bien tratamos de decir "Basta", "Hasta acá llegué", "No va más"; al final del día creemos que se puede dar con una nueva oportunidad. O casi siempre. Hoy me pregunto si vas a mover la próxima pieza o vas a dejar que este sea otro capítulo muerto de tu existencia. La decisión es tuya, sabés donde encontrarme: en este nuevo día podés dar un revéz a la partida.


En el reino del sol,
la corona demanda.
Los mandatos del alba
y una venganza soñada.
Forjando mi sentido,
a través de la espada.
En el reino de la luna,
la princesa aguarda.
Barajando mi destino,
a través de su mirada.
Un encuentro inadvertido,
el cruce con su alma.
En un mundo sacudido,
guardiana de mi calma.
No es la magia de las cartas,
ni el legado que nos ata.
El amor de bella dama,
en mí todo lo cambia.
Y al nacer nuestra noche,
mi corazón ella gana.


Preferiría no escribir nada, hacer como hago hace varios años, recordar la fecha (las fechas) y pensar en lo que podría haber sido si hoy estuviera "acá". Jamás me imaginé que iba a extrañar tanto a esta persona. Nos imaginamos que aquellos seres que amamos tienen vida ilimitada, que nos van a acompañar siempre, que nunca nos va a faltar su apoyo, su comprensión, su compañia. Y de repente todo se desmorona, el cerebro nos juega una mala pasa y toda la racionalidad que tenemos se nos vuelca encima como un balde de agua fría, mejor dicho heleda; nos congela, nos paraliza y nos demuestra que no podemos vivir esa fantasía. Las personas se van, parten, no sé a donde, pero la mayoría preferimos creer que a un lugar mejor, donde van a estar en paz.
Cierto o no, se dice que la única forma de perpetuar el recuerdo del ser amado es unirse a la lucha contra el olvidoo, y año tras año repetimos la ceremonia del recuerdo y los homenajes correspondientes. Eso no está mal, pero a medida que transcurre el tiempo me convenzo más que quienes quedamos "acá" completamos ese ritual para aplacar un dolor irresulto que se acentúa con la confirmación de finitud de nuestra propia vida. Y sin embargo, aunque no pienso olvidarla, no quiero olvidarla, se que la memoria humana también tiene la facultad de ser desmemoriada. Saber eso me aterra, aunque el sentimiento no muere, la falta de memoria contribuye a atenuarlo.
Entonces se llegan a plantear tres situaciones: 1) olvidamos a la persona; 2) recordamos a la persona pero olvidamos las promesas que le hicimos; 3) olvidamos a la persona y a las promesas. Todas son situaciones poco felices, aunque inevitablemente sabemos que suceden. Debo confesar que caí en ellas y mi sufrimiento se convirtió en un cementerio de recuerdos que no he vuelto a explorar. En esta época del año siempre experimento un extraño sacudimiento, y desde que empecé a estudiar en la universidad progresivamente dejé que se me borraran los por qués. Pero la única forma de remediar esto es admitirlo, me equivoqué. ¡Cómo poder olvidar que hace unos años, perdía(mos) a Germana, festejaba mi cumpeaños y luego despedía también a mi abuela Lita!
Hoy siento que debo escribirlo, decir que quiero abandonarlo todo, pero a la vez quisiera pensar que esas personas que influyeron en mí no desearían que simplemente las recordara en su aniversario. Lo mejor que puedo hacer es recordarlas día a día, en cada uno de mis actos. Si lo que me enseñaron me ayuda a ser menos egoista y más justa con el mundo, entonces no habrá olvido que me gane y su recuerdo estará a salvo.


Ya no quiero hacer esas dietas que prometen figuras exquisitas.
Ya no quiero completar formularios que enjaulan a las personas.
Ya no quiero cambiar de teléfonos que naufragan en la tempestad tecnológica.
Ya no quiero mudarme de ropas que anuncian la nueva moda.
Ya no quiero inyectarme esos temas que se cargan en la radio.
Ya no quiero contar las estrellas que caen en última nova.
Ya no quiero arrastrar los suspiros que esposan mis decepciones.
Ya no quiero sumar las horas que distancian viejos amores.


Era sueño del hombre
terminar con el dolor
en un tiempo venidero.
Ensayando la tragedia,
diseñó su próximo plan.
Y en el ocaso de sus miedos
iluminó su mundo perfecto.
Material de avanzada,
carcasa putrefacta.
Dominio de las plásticas,
esclavitud de las humanas.
Casa de muñecas,
cárcel de las almas.
Y avanzó su corrector
por el camino depuesto.
Borró la luz todo defecto:
el pasado, desecho,
la humanidad, al vacío.
Con el futuro al acecho,
la muerte fue un hecho.
Porque en un mundo sin error,
respirar es el defecto.


No lo he de negar,
todo tiene su vencimiento.
No le he de ocultar,
para mí es un lamento.
Una flor en primavera
esperaba con emoción,
recibir la buena nueva,
a mi retoño-varón.
Pero dijo la marea,
"acabará la estación".
Mi felicidad era,
una escuálida ilusión.
Agonía y pesadilla
acudieron a la cita,
con un beso mortal,
apagaron mi estrellita.
Como luz sin gestación
mi gracia se perdió.
Y el momento mal vivido
se convierte en mi prisión.
Mi sentir está prohibido,
maldito el vientre de mi creación.


Seductor al volante,
comete la infracción.
Un camino de destrozos,
deja atrás el corredor.
Con amores tramposos,
busca ser el vencedor.
Su carrera ideal,
robar besos en la esquina.
En un cruce casual,
una joven herida.
Conductor fatal,
enamorado veloz,
sin registro ni patente
quiebra sobre la pista
el corazón de sus víctimas.

