"Peleamos toda la vida una batalla ya perdida buscando un cambio en la rutina de nuestros días. Pero tal vez por eso la ganamos, por mantener la esperanza en lo improbable y creer en lo imposible."
¿Recordás esta frase? Sí, apareció en cierto viaje en subte y luego llegó a mis manos, o mejor dicho, se arribó a la cima de mi corazó. ¿Cómo explicarlo? Estaba allí, sentada frente a una pantalla que me presentaba (me acercaba) a aquel ser que considera (?) inalcanzable. "¿Qué podía ofrecerte?" Me pregunté a mimisma la primera vez qie conversamos. Te transmití mi interrogante y esa respuesta se manifestó con tu "Depende de vos." o el ya conocido "Queda en vos." y el clásico "Eso, si vos querés." Siempre tendiste una mano y yo (niña,...) me escondía tras la soledad de las lágirmas. Las noches llovían sobre mis párpados en un intento por olvidar aquellos ojos. Una mirada que me invitaba a descubrir lo que esconde (o quizá lo que escapa de la visión del frenético transeute urbano) aquel muchacho. "¿Cuál será su nombre? ¿Dónde vivirá? ¿Con quién? ¿Qué le gustará hacer? ¿Qué sueños tendrá? ¿Qué pesadillas lo agobian?... ¿Qué pensará si me le acerco? ¿Habrá percatrado la inquietud de mis ojos?" Yo tenía ansias por saber sobre él y ahora que por fin (o por comienzo de una nueva senda) estaba en camino a conocer a ese Caballero, ahora que me aprocimaba a esa alma sensible... ahora, no me atrevo. Me animo a crear un sentimiento, pero vacilo a la hora de desprenderlo sobre otros labios. No, no debe ser así. Yo no debo decirlo. No debo confesarlo. No debo (no quiero) lastimarlo. Han jugado con sus sentimientos y yo no quiero que este sentimiento (mi sentimiento) termine por destruir lo más bello de este Caballero. Aún así, debo decirlo, o morir en el intento, tienes que saber que te quiero. Con la sensillez y la finitud que me contienen en cada suspiro, el silencio me cede esta partida: te quiero. Un nuevo golpe roza tu corazón, una nueva linea que repite te quiero. Yo (Cristina Mendez, Cris, esa misma niña) te quiere a vos (Ernesto De La Cruz, Ernes, ese Vagabundo Ermitaño). ¿Debo especificar?... Te quiero como el misterio que engalana mis días, el silencio que encierran mis noches, la melodía que puebla el alma mía, la ilusión de encauzar nuestras vidas. Te quiero libre, con vuelo abierto, y no prisionero de mis miedos. Te quiero. Te quiero. Y te quiero. Tú lo sabés, yo lo sé. ¿Alguien más debe saberlo? Tal vez el cielo, tal vez la Tierra, tal vez un Dios, un mortal o una Estrella. Como deba ser, será...
Cris
***
Así sería la historia de amor de Ernesto y Cris si sucediese en la actualidad. Las palabras de Adelaida me habían dejado perturbada. Ella no supo cómo responder a mi pregunta: por primera vez se quedó muda y tuvo el impulso de abandonar la casa lo más rápido posible. Pero el mal ya estaba hecho, mi inquietud crecía minuto a minuto y necesitaba inventar algo para sacármela de la mente. De ahí nació esta ficción. Coloqué el último punto en mi carta de ficción cuando el médico vino a visitarme. Para mi suerte, dijo que en un par de días podía volver a mi vida normal. Eso significaba que pronto podría iniciar la búsqueda de la verdadera Cristina.
| O haz clic 
