Inhalar un naranja florido,
perseguir un azul esquivo,
embriagarse en un violeta fluido,
orarle a un dorado divino.
Ellos jugaban con el pincel,
alborotando sus cabellos.
La balada de matices
que invadía las esquinas
de un cuadro liberado.
Lágrimas-acuarela,
disparaban sobre el lienzo;
eran delirios de color
orbitando mi cabeza.
El retrato que no fue...
despierto de aquella odisea;
mi mano dibuja en las aguas
y se evapora mi faena.
Enjuiciaron mi trabajo,
fue directo a la hoguera.
Defecaron mi talento,
esa fue mi condena,
ya no hay magia, lo lamento.
domingo, 11 de febrero de 2007
Tiralineas
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