lunes, 29 de octubre de 2007

15 de noviembre

La negra, la negra, ¿dónde estará? Yo le prometí estar aquí, en el lugar indicado, a la hora señalada. Pero la noche se desliza sobre mis hombros, el viento arremete contra mi pecho y el alcohol me quema por dentro sin que ella pueda hacer nada para detenerlo. Porque una vez más me juró en vano, me nombró a su madre y se puso de rodillas esbozando esa mueca de dolor interminable. Porque una vez más yo le creí, dejé que la pasión circulara por mis venas y muriese dentro de su cuerpo... Sensación etérea, de ensueño, de un 15 de noviembre casual.
Son más de las tres de la madrugada, ella no va a venir, aquello no se va a repetir. Hasta hace una semana tenía esperanzas, todo volvería a fluir como en ese entonces. Y sin embargo, su ausencia viene a sacudirme la boca con una cachetada. Camino, camino, doy vueltas en círculo intentando ahogar la vista con este verde avinagrado. ¿Dónde estará ahora? Seguramente habrá regresado a su país natal. A estas horas estará zambando y moviendo sus caderas. Belleza exótica de Brasil, eso es lo que le gusta parecer. Por eso no está aquí. Sabe que conmigo no sirve esa mascarada. Por eso me hace esto, por eso jura en vano. Quisiera creer otra cosa, pero en mi interior la llama aumenta y no detiene su tormento.
Trescientos sesenta y cinco días aguardando esta cita y ahora tengo que derramar esa lujuria contenida en solitario, detrás de esos estériles arbustos. ¿Dónde estará? Las posibilidades son infinitas, la negra no conoce de limitaciones geográficas. Quizás esa sea la razón por la que no está aquí, porque detesta las repeticiones, los rituales, las oraciones aprendidas de memoria. Y yo soy hombre de rutina, máquina monocorde que vive para cumplir el calendario. ¿A quién engaño? Ella descree de los compromisos, aquella vez accedió por capricho mío, para zafarse de este cuerpo, de este cuerpo envejecido y evitar otra dosis de mi sexo oxidado. Hoy no va a venir, no va a venir, no va a venir.

No hay comentarios: