sábado, 2 de febrero de 2008

Botánico

La escena transcurre en un bar. Hay cuatro filas con cuatro mesas cuadradas cada una. Al fondo se ve la barra. Detrás de la barra, a la izquierda hay una puerta con un cartel que dice “Administración”; a la derecha hay una puerta doble con un cartel que dice “Sanitarios”. Julio y Fausto, dos hombres de aproximadamente 50 años, se encuentran sentados en la tercera mesa de la primera fila de la derecha. Una moza se halla delante de la mesa con una libreta y una birome en la mano.

Fausto:- Encima tardaron media hora en atendernos.

Julio:- (A la moza.) ¿Cuánto es?

Moza:- Cuarenta pesos.

Julio:- ¿Cómo dijo?

Moza:- Cuarenta pesos, señor.

Julio:- ¿En total?

Moza:- Cada uno, señor.

Julio:- ¿Cuarenta pesos? ¿Cada uno?

Moza:- Sí, señor. Cuarenta pesos cada uno.

Julio:- Pero si sólo pedimos un café cada uno.

Fausto:- Encima estaba frío.

Moza:- (A Julio.) Son cuarenta pesos cada café. Los precios están en la cartilla.

Julio:- (Mira la cartilla que está sobre la mesa, pero no la abre.) Hace treinta años que vengo a este bar. ¡Treinta años! Conozco los precios de memoria. El café vale seis pesos. Ayer mismo pedí un café y pagué lo mismo, a la misma hora, en el mismo canal.

Fausto:- Encima se perdió la señal del satélite.

Moza:- (A Julio.) Fíjese en la cartilla, los precios no cambiaron. Debe estar confundido.

Julio:- La confusión es suya.

Moza:- No, suya.

Julio:- No, suya.

Moza:- Suya.

Julio:- Suya.

Moza:- (A Julio.) Mire, es muy sencillo. Abre la cartilla, comprueba el precio y yo le cobro lo que corresponde.

Julio:- No quiero. Yo se lo que vale. Me cobra seis pesos cada café y nos vamos tranquilos.

Moza:- Le cobro cuarenta cada uno.

Julio:- Seis.

Moza:- Cuarenta.

Julio:- Seis.

Se escucha un portazo, Alberto aparece en escena, agitanando los brazos.

Alberto:- ¡Seis cuarenta y seis!

Moza y Julio:- ¿Eh?

Alberto:- ¡Gané! ¡Gané! ¡Gané con el seis cuarenta y seis!

Julio:- ¿A la cabeza, don Alberto?

Alberto:- Sí, don Julio. (A Fausto.) Hola don Fabio.

Fausto:- Encima me cambia el nombre.

Julio:- (A Alberto.) Seis cuarenta y seis, a la cabeza, quien lo diría.

Alberto:- Quien lo diría.

Moza:- ¿Me dirían quién me va a pagar?

Julio:- (A Alberto.) ¿Cuánta plata?

Alberto:- Ochocientos treinta y cinco pesos con noventa y dos centavos. Ochocientos treinta y cinco pesos con noventa y dos centavos, acá. (Señala un bolsillo de su pantalón.) Todo mío.

Moza:- Ochocientos treinta y cinco pesos con cincuenta y cinco centavos son del dueño. Acuérdese de la deuda que tiene en este bar.

Alberto:- Pero señorita, eso ya es cosa del pasado. Pagué lo que debía ayer.

Moza:- No me diga eso, ayer no vino a pagar nada. (Revisa en la libreta que tiene en la mano y niega con la cabeza.) Usted sigue en la lista de morosos.

Alberto:- Sí que pagué toda la deuda. Usted no estaba, me atendió la otra camarera.

Moza:- ¿Cuál de todas?

Alberto:- La camarera rubia.

Moza:- ¿Morena?

Alberto:- Le digo que me atendió la rubia, no la morena.

Moza:- Quiero decir que la camarera rubia se llama Morena.

Alberto:- Entonces sí. Le pagué a la rubia, Morena.

Moza:- Acá no me consta, así que o me entrega el dinero ahora mismo o me acompaña a hablar con el dueño. (A Julio y Fausto, que silenciosamente se han levantado de la mesa y están a unos metros de la puerta.) ¡Eh! Ustedes dos, ¡vuelvan!

Julio y Alberto se voltean y regresan a la mesa, pero sin sentarse.

Alberto:- ¿Usted también don Julio?

Julio:- Sí. Parece que la señorita quiere hacerse negocio con nosotros.

Camarera:- Si nadie paga, entonces van a tener que entenderse con el señor Justo.

Fausto:- Encima no se quien es Justo.

Alberto:- Es el dueño de este bar, don Flavio.

Fausto:- Encima me vuelve a cambiar el nombre.

Alberto:- Disculpe. Es que esta señorita me pone nervioso.

Julio:- A mi me hace perder la paciencia.

Moza:- (Con voz de enojo.) ¡Se acabó, señores! ¡Se acabó!

Fausto:- Encima me grita.

Moza:- (Se arremanga los puños.) ¡Se las van a ver con el dueño!

Julio:- (A la moza.) ¿Es justo?

Moza:- Sí.

Julio:- Porque usted es injusta.

Alberto:- Muy injusta.

Moza:- (Señala la puerta del fondo que dice “Sanitarios”.) ¡Caminen, señores, caminen!

Alberto y Julio ponen cara de aturdidos, se ponen en fila india y comienza a marchar hacia la puerta. Fausto no se inmuta, pero se une a los otros. La moza va detrás de ellos, con las manos en la cintura.

***

La escena transcurre en el baño se hombres, despacho del señor Justo. De izquierda a derecha, Alberto, la moza y Julio se encuentran parados de espaldas al público, delante de un mingitorio. Fausto duerme, sentado sobre un mingitorio libre a la derecha del otro.

Moza:- (Alterada.) ...y esa es la cuestión, señor Justo. Estos señores no quieren pagar lo que deben.

Alberto:- Yo ayer le pagué a Morena, la rubia. Si ella no lo anotó en la libreta no es culpa mía.

Moza:- (Al señor Justo.) La llamé por teléfono y me dijo que el señor Alberto no vino a saldar su deuda. Y estos dos (Señala a Julio y a Fausto.) no me pagan los cafés que se tomaron.

Julio:- Ella me quiere cobrar cuarenta cada uno.

Moza:- ¡Es lo que dice la cartilla!

Las voces se superponen.

Julio:- ¡Seis!

Moza:- ¡Cuarenta!

Julio:- ¡Seis!

Alberto:- ¡Yo no pienso dejar ni un mísero centavo en este bar! ¡Me los gané con el sudor de la frente!

Moza:- ¡Pero si los ganó con el seis cuarenta y seis!

Julio:- Treinta años viniendo a este lugar. Treinta años pagando seis pesos. ¡Y hoy me vienen con que me cobran cuarenta!

Moza:- ¡Está en la cartilla!

Alberto:- ¡Ochocientos treinta y cinco pesos con noventa y dos centavos!

Moza:- Ochocientos treinta y cinco pesos...

Los tres se callan de repente y se miran los unos a los otros. Dan varios pasos hacia atrás, todavía de espaldas al público, pero aún no dejan visible el mingitorio.

Moza:- Sí, señor Justo. Lo que usted diga señor.

Julio:- Sí, lo que usted diga.

Alberto:- Tiene razón.

Julio:- Está en lo correcto.

Moza:- Ahora lo solucionamos, ¿caballeros?

Julio:- Dos de cafés... a cuarenta pesos cada uno... serían...

Moza:- Diez pesos en total.

Julio:- Tome. (Extiende un billete de diez pesos.)

Moza:- (A Alberto.) Acá tiene los novecientos pesos que le yo le debía.

Alberto:- Gracias, señorita.

Julio:- Bueno, nos vamos retirando.

Alberto:- Disculpe las molestias, don Justo.

Moza:- Yo los acompaño a la salida.

La moza, Julio y Alberto se corren del mingitorio y dejan ver que sobre él hay un potus. Los tres salen por la puerta del baño. Fausto se despierta aturdido y mira hacia todos lados.

Fausto:- (Al potus.) Pobre don Justo, le sacaron canas verdes.


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